Obb Balas Magicas - Holograma -

La mancha violeta se apagó. Obb se quedó solo en el sótano, con la caja vacía, el espejo limpio, y el eco de una respuesta que nunca quiso escuchar.

Afuera, empezó a llover. Como esa tarde. Como todas las tardes, desde que Lina se fue.

Pero esta vez, Obb no oyó silencio. Oyó el ruido de la flor negra cayendo al suelo. El profesor Holograma ya no estaba. Obb Balas Magicas - Holograma

El holograma estalló como una flor de luz morada. La imagen de Lina apareció frente a él, más joven, con su vestido verde de los domingos. Corría por el pasillo de la vieja casa, persiguiendo una mariposa de papel. Obb alcanzó a ver la fecha en el aire: tres años y un día antes de su desaparición.

Obb giró sobre sus talones. El profesor estaba de pie en la escalera del sótano, con una flor negra en la mano. La mancha violeta se apagó

Esta era de un violeta más intenso, casi negro en los bordes. La disparó directamente al corazón del holograma de Lina. El efecto fue inmediato: la escena cambió. Ahora Lina no corría sola. Alguien más estaba con ella: un hombre con gabardina gris, sin rostro definido, como si la memoria misma hubiera olvidado sus rasgos.

—¿Por qué acepté la flor negra? —preguntó Lina, y su holograma sonrió con tristeza—. Porque allí no había miedo, Obb. Había paz. La paz que yo no encontraba aquí. Como esa tarde

Obb sintió que se ahogaba. Había cambiado el recuerdo. No para borrarlo, sino para ver lo que estaba oculto. Sabía lo que venía. La tercera bala.

—Lina —susurró.

Ella no lo oyó. El holograma era solo memoria, no tiempo real. Pero algo en el pecho de Obb se apretó con tanta fuerza que supo que no podría detenerse.

Cargó la segunda bala.