La Oscura Memoria lo reclamaba.
Pero la certeza, pensó después, es solo una forma elegante de la ceguera.
“Que el Elfo Caído sea marcado en la nuca con el Sello del Vacío. Que se le niegue el canto de retorno. Que camine bajo cielos mortales hasta que la tierra misma lo olvide.” Cronica de la Tierra Oscura- El Elfo Caido
Kaelen no lloró. Los elfos de la luz no lloran, decían. Pero esa noche, en la celda abierta a los vientos del desierto de los confines, sintió cómo la luz del mundo se volvía contra él: cada estrella era una acusación, cada hoja iluminada por la luna un dedo que señalaba.
Y entonces cayó.
No recordaba el momento exacto en que la luz comenzó a dolerle.
—¿Qué eres? —le pregunta una niña humana, la única que no huye. La Oscura Memoria lo reclamaba
Han pasado treinta ciclos desde el exilio. Kaelen vaga por la Tierra Oscura —un nombre que los humanos dieron a este continente sumido en eterno crepúsculo, donde el sol nunca sube del todo y la noche nunca es total. Las ciudades humanas lo repudian sin saber por qué; huelen en él algo viejo, algo que no pertenece a este mundo de ceniza y hierro oxidado.
—Tengo manos para el dolor —responde el elfo. Que se le niegue el canto de retorno