Afuera, el cielo estaba despejado. Pero Marta sabía que otra tormenta llegaría. Porque así es la vida. Sin embargo, ahora también sabía algo más: cuando el viento aúlla, ella pone buena cara. No por orgullo. Por poder.
—Señora Fernández —dijo—, la lluvia se ha llevado sus flores. Pero la tierra debajo está más fértil que nunca. Deme tres días. Le prometo un jardín más bonito que el de antes. Y no le cobraré la mano de obra. La Sra. Fernández parpadeó. No esperaba esa reacción. Esperaba lágrimas, descuentos, excusas. Pero aquella mujer con botas de agua y el pelo enmarañado le ofrecía esperanza. al mal tiempo buena cara pdf
—No entiendo… —murmuró la señora—. Perdió todo. ¿Cómo hizo esto? Afuera, el cielo estaba despejado
Una mañana de octubre, el cielo se volvió del color de una vieja herida. El hombre del tiempo en la televisión no había dicho nada, pero Marta, que conocía el lenguaje del viento, supo lo que venía. Sin embargo, ahora también sabía algo más: cuando
En tres horas, el agua cayó como si alguien hubiera roto una presa en el cielo. El jardín de la Sra. Fernández, su mejor cliente, se convirtió en un río de barro. Los geranios, las buganvillas, los jazmines… todo flotaba patas arriba. La Sra. Fernández era una mujer de dinero fácil y carácter difícil. Cuando vio el desastre, gritó: —¡Marta! ¡He pagado tres mil euros este mes y tengo un pantano en mi salón! ¡Mala suerte la tuya! ¡Mala cara tienes!
Marta se quitó los guantes. Sus manos estaban agrietadas, pero sus ojos brillaban.
"Al mal tiempo, buena cara, hija. No porque el problema sea falso, sino porque tu cara de pena no va a secar la lluvia."